Es como ir a un local de comida rápida, pagar y a los minutos disfrutar de nuestro desayuno, almuerzo o cena. Nos es fácil, está a la mano y en variadas ocasiones sólo apuntamos a nuestro blanco y no reparando daño alguno, gatillamos. Lo hacemos con fuerza, con ganas y si es con intención a veces es mucho mejor. Resultado: nos desahogamos.
Nuestra voz tiene que ser escuchada, muchas veces nos han dicho eso, por esta razón gritamos fuerte y más fuerte aun. Tengamos o no razón en nuestro «reclamo» quiero hoy día hablar de esto. Si queremos realizar un cambio en alguien (persona) o en algo (sistema, institución, etc) debemos de ser cuidadosos, no vaya que dicha acción hable más del corazón o mal actuar de nosotros que de quien pretendemos que tenga un cambio.
Los condimentos deben ser elegidos con precisión, combinarlos con maestría y encomendarse a que el otro pueda ver lo agradable de nuestra receta.
Si hay razón en nuestros dichos, tenemos que buscar el momento oportuno, el tiempo exacto para expresar lo que vemos que a nuestros ojos está incorrecto. Ser sabios e inteligentes, astutos y más que todo, humildes. No buscar querer decir un monólogo, más bien instaurar un diálogo y explicar naturalmente nuestro punto de vista. Si hay enojo o rabia, se notará y por más que tu apreciación sea correcta pasarás de tener «la verdad» a ser sólo un desahogo.
Si nuestro punto de vista dista mucho de ser verdadero, creo que en vez de ayudar a un cambio, sólo habrás activado conflicto y desunión, sepultando bajo tierra todo posible puente de comunión.
Por eso, ante todo, explora si tu corazón esta hablando una verdad que levantará a la otra persona, la hará cambiar de parecer o sólo será una mentira que la atacará y tarde o temprano la buscará destruir.
Pero, profundicemos. ¿Por qué reclamar? ¿Será que es un hábito de nuestra vida, familia, sociedad o del mundo tal vez? Sería bueno excavar en nuestros corazones para darnos cuenta si es algo momentáneo o duradero. Si quiere hacer nido en nuestra vida o es sólo un hecho aislado. No vaya a ser que el reclamo, es parte o es por completo, el menú del día. Veamos aquello, dado que sin siquiera haberlo notado, podemos estar viviendo esclavos de éste, pasando a estar continuamente descontentos con todo. Desde que tenemos un bien (sea tangible o intangible) hasta del por qué no lo puedo obtener.
Seamos cuidadosos, pacientes, extremadamente humildes al realizar un reclamo o una crítica. Aclaro antes de terminar, que no soy partidario de encontrar todo bueno ni de encontrar todo malo. La crítica es buena, si está correctamente formulada y sus condimentos están aliñados en su punto. No obstante me declaro un opositor a aquellos que reclaman con todo y por todo.
Lo único que espero, es no verme algún que mi «menú del día» esté basada en repetitivos reclamos.
::: Síguenos en Facebook haciendo click AQUI :::

Me encanto, buen punto de reflexión.
Plantearnos el porqué estamos diciéndole algo a alguien; por querer ayudarlo o simplemente porque creemos tener la razón y tenemos autoridad para hacerlo,
Gracias Andresiño por la reflexión!
que bueno que te gustó. Costó en salir el escrito pero creo que se logró el objetivo. Un abrazo nicole!
TIENES RAZON…. FRENTE A ELLO ….REFLEXIONAR ANTES E INTENTAR DECIR LAS COSAS PENSANDO : ¿COMO LO DIRIA DIOS ?…. LA CLAVE CREO QUE ES EL AMOR AGAPE :……SALUDOS Y BENDICIONES 🙂
..
Amor Agape! toda la razon!! Gracias por el comentario!!