Me cuesta escribir, porque estoy desconcentrado, se me vienen ideas pero comienzo a mirar páginas o el mayor consumidor de tiempo llamado Facebook. Algo sencillo, cierro todo lo demás y aquí vamos. ¿Qué mira un recién nacido, un niño, joven, anciano? o ¿un atleta, filósofo, cineasta? ¿Qué mira alguien de la ciudad o alguien del campo?.
Algo pasa en nuestro día, algo capta nuestra atención y vamos junto a intentar revelarlo. Al menos yo soy de esas personas que le gusta caminar, correr, subir cerros y escribir. Pero de un tiempo a esta parte (dejando al lado el tema climático ya que estamos en otoño por esta parte del mundo) me ha costado mucho hacer esas cuatro actividades. Sólo caminar y escribir todavía siguen en pié. ¿Qué pasó en el camino?
No creo que esos pasatiempos hayan perdido su «magia» . Mas bien, creo que lamentablemente le he dado mayor importancia a otras cosas. Durante algunos días he estado observando cómo me comporto con mi celular. Varias veces he practicado dejarlo a un lado mientras estoy con Shaina (mi esposa). Otras veces lamentablemente no sucede aquello. Con el correr de los días me ha llamado poderosamente la atención que se diferenciar cada uno de los sonidos de alerta de mi teléfono. Shaina me dice, Andrés te llegó un mensaje y digo: «no, esa es la alerta de una nueva noticia del diario», «ese otro sonido es de una aplicación», «del tiempo», etc. Hasta incluso cuando estoy acostado y el celular está en silencio, éste se prende y me siento casi llamado para ver la pantalla. Me he convertido casi en un especialista en identificar cada mensaje que me envía este artefacto. ¿Te sucede también? Espero que no.
Nos hemos convertidos en dependientes a esta «forma de comunicarnos». Creo que algunos de los diseñadores de estos teléfonos sabían muy bien lo que tenían entre sus manos. Hace ya varios años oí una historia que creo que hoy es relevante comentarla. Es el origen acerca del nombre de «Blackberry» (un famoso celular). Su nombre se debe a que en América del Norte a los esclavos se les colocaba una bola de hierro con una cadena atada al pie, con la cual éstos no podían escapar. Esa bola la llamaban «Blackberry», haciendo alusión a las zarzamoras que eran negras y redondas. Resulta curioso, que ese celular haya recibido ese nombre. Sin duda fue un acierto. Muchos hemos sido testigos de gente usándolo mientras están caminando, en la oficina, conduciendo, etc. desatendiendo de paso a todo lo demás. Enfocando su mirada en esa pantalla diminuta.
Con la marca de la manzanita, sucede algo peculiar. Si uno va a apagar aquel aparato y se le ocurre cargarlo, éste se prende automáticamente. Curioso. Es imposible apagarlo y cargarlo al mismo tiempo sin que éste no se encienda. Es como si por arte de magia, el creador de este celular nos estuviera obligando a pasar todo el tiempo «conectado».
Volviendo al punto inicial ¿Qué capta nuestra atención? ¿Si es algo fructífero, sigamos haciéndolo y cultivándolo. En cambio si es algo que nos domina o nos hace esclavos, creo que es mejor replanteárselo y hacer con ese tiempo algo digno de ser relevante. Quizás no tenemos un «blackberry» pero de un tiempo a esta parte hemos creado nuestra propia bola de hierro que nos ha dominado.
