Por esas cosas de la vida, me imaginé viviendo en un mundo donde se entregan premios que no se merecen, que por acuerdo de un jurado o de un panel de expertos se otorgan galardones a distintas personas que ni siquiera han hecho el esfuerzo necesario para conseguirlos. Pero eso no sucede en nuestro mundo, ni menos en nuestros países. Así que tranquilos, sigan leyendo lo que pensé hace un tiempo atrás.
Imagínate que vas por la calle y de la nada, te encuentras con una alfombra roja (claro, como las de Hollywood) y muchos flashes fotográficos te rodean. Aparece una persona que da un discurso frente de ti y te dice: “El ganador del nuevo Nobel de Física es para Carlos González (Si eres mujer, reemplázalo por Carla González)”. Miras con asombro a tu alrededor y antes de que digas que ese premio no te pertenece, te entregan un diploma y mejor aún, un cheque con una alta suma de dinero como reconocimiento a tu labor destacada. ¿Qué haces? ¿Alzas la voz y señalas que tu ni siquiera sabes ni lo más mínimo de Física? ¿Perder esa alta suma de dinero?
Sigamos soñando. Hagamos cuenta que la persona acepta el premio y mejor aún, “Don Carlos” (o “Doña Carla”) se aventura a dar declaraciones como nuevo premio Nobel. Puede que en principio muchas personas lo aplaudan, pero con el tiempo, más temprano que tarde, dirán que ese premio es inmerecido.
¿Por qué dirán aquello? Explicaciones saltarán a la vista. No invirtió en la educación necesaria, no dedicó tiempo a investigar, fue incapaz de atreverse a equivocarse, etc. En pocas palabras “no pagó el precio” necesario para ser acreedor de tal logro.
Este es un ejemplo extremo, pero vayamos aterrizándolo a nuestra vida cotidiana. Hace un par de meses fui a Chile y entre una de las tantas cosas que me compré, había una camiseta de fútbol de mi equipo favorito. Es bien bonita la camiseta, con colores negros, rojos y blanco. Es de muy buen material. ¡Y mejor aún, sólo por 25 dólares! Debo de reconocer que aun cuando se parece mucho a la camiseta original, ésta no lo es. Da lo mismo, que todas las otras camisetas que tengo, sean originales. Esta no lo es. ¿Por qué tengo esta camiseta entonces? Porque no estuve dispuesto a pagar el precio. Es así de sencillo. No quería gastar 80 dólares o más por una camiseta. Acá claramente hablamos de dinero. O peor aún, tener algo a un valor reducido con apariencia de tener algo original.
Otro ejemplo. Día anterior a una gran prueba ya sea en tu colegio o en la universidad. No has estudiado nada, te pones a estudiar y te das cuenta que no alcanzarás ni siquiera a estudiar el 50% de los libros que entran en la prueba. Hablas con uno que otro compañero, y mágicamente tienes la posibilidad de obtener en un 99,9% las respuestas del examen de mañana. ¿Aceptas o no? Si no lo aceptas, arruinarás tu promedio o peor aún, reprobarás la clase (o asignatura). Cuento corto, mágicamente obtienes la máxima calificación y es más, el profesor te felicita por tu rendimiento. ¿Te sentirás orgulloso? Acá claramente hablamos del factor tiempo. No quisiste pagar el precio de invertir los días necesarios para obtener el mismo o menor resultado de una forma lícita.
Y podemos enumerar más y más ejemplos.
Una persona compra un título universitario, ejerce durante años como médico (enfermero, ingeniero, etc.) y ésta incluso hace clases en una importante universidad. Sin embargo al tiempo después, queda al descubierto que hizo ejercicio ilícito de la profesión.
Lance Armstrong multicampeón de ciclismo a nivel mundial. ¡7 Tours de France! (Es como ganar el balón de oro en el fútbol, ¡7 veces!) Reconocido por sus logros deportivos, no obstante a los años, el declara que alcanzó esos campeonatos gracias a la ayuda de sustancias no autorizadas, doping.
Si eres seguidor del atletismo sabrás que Ben Johnson cometió el mismo error de doparse para alcanzar el primer lugar de los Juegos Olímpicos de Seúl. Al descubrirse aquello, la medalla fue retirada.
Acá he mencionado grandes y pequeños ejemplos. Unos tienen sanciones mayores, otras menores y algunas imperceptibles. El punto en cuestión… ¿Estás pagando el precio necesario para obtener lo que esperas? Tal vez el “precio” en algunos casos sea sólo dinero, en otros sea tiempo, ejercicio, dedicación, entrega, etc.
¿Estás dispuesto a pagar el precio? o ¿Preferirás hacer trampa?
